Un resumen del mundo - Introducción

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/// Introducción del libro “A summary of the world” – Esther Kokmeijer (Espanol) ///

 
UN RESUMEN DEL MUNDO
Esther Kokmeijer (1977)

“Aquellos de nosotros que nunca hemos visto el ecuador sentimos un gran  entusiasmo. Creo que es lo que más quiero ver en el mundo… Nos estamos acercando. Un marinero le explica a una chica que la velocidad del barco es baja porque estamos subiendo hacia el centro del globo pero le aclara que, una vez que pasemos ese punto, en el ecuador, la pendiente hacia abajo nos va a favorecer y volaremos.”
Mark Twain (1835 / 1910) “Viaje alrededor del mundo, siguiendo el Ecuador” (1897)

El Ecuador es invisible pero está presente. Sí se puede ver dónde se encuentra el Ecuador. Pero, ¿cómo es posible que lo que más quieras ver sea algo que en realidad es invisible? ¿Por qué anhelar llegar a un lugar que desde el punto visual no tiene por qué ser más interesante que otro? El Ecuador es una línea imaginaria que discurre justo entre el polo norte y el polo sur, y eso es justamente lo que lo hace tan especial. No es nada aleatorio, es un lugar excepcional que despierta la imaginación.

La idea de viajar al punto medio exacto de todos los continentes nace de la idea de convertir el mundo en un lugar más claro. El centro de gravedad es un punto que puede calcularse; es el corazón, el ombligo y el núcleo de un continente. Para mí, es el punto más importante de un continente. Todos los continentes tienen un centro exacto, y esta propiedad ofrece la oportunidad de compararlos. Para mí, el conjunto de estos puntos es un resumen del mundo.

El profesor y geógrafo Jean-Georges Affholder del IGN (Institut Géographique National) en París ha calculado los centros de gravedad de todos los continentes para este proyecto y yo he conseguido visitarlos físicamente. He introducido las coordenadas de cada uno de ellos en un GPS y, mediante satélite, conseguí encontrarlos con toda precisión marcando además la ruta exacta que seguí.

Al igual que Mark Twain quería ver el Ecuador por encima de todo, cuando recibí las coordenadas, nada me emocionaba tanto como ver el centro de gravedad de cada continente. Y con ver no me refiero al valor visual del lugar, sino del valor sentimental que tiene. Se trata del hecho de estar presente físicamente en un lugar que despierta la imaginación por lo que es.

He tenido el deseo de descubrir desde que era pequeña. Agarraba con fuerza la mano de mi madre y le preguntaba: “¿adónde vamos?” Ya entonces me fascinaba cambiar de entorno. En ese momento vivía en Brantgum, un pueblecito de Frisia, al norte de Holanda, lleno de aventuras con sus 80 ochenta casitas. A los 21 años hice mi primer viaje largo, que duró un año. La fiebre viajera me invadió y mi concepto de “viajar” pasó de ser una palabra superficial a una nueva manera de viajar. En mi mente ya nunca he dejado de viajar. He sentido la tranquilidad y el espacio que conlleva el movimiento del viaje. Los nombres de lugares y países que conozco por libros, películas y periódicos no cobran significado hasta que los he visitado en persona.
Viajar es partir, permanecer y volver. Lo importante es el movimiento. Es una serie de sucesos, encuentros y experiencias. Puesto que a menudo son distintas de la vida cotidiana, estas impresiones son más intensas. Viajar es algo irracional, no es bueno ni malo, es lo que tú haces del viaje. Es algo personal. Mi sed de viaje procede sobre todo de la curiosidad y del deseo romántico de verlo y vivirlo “todo”.

Al hacer este viaje no sólo he intentado llegar a los centros de gravedad. El objetivo no era un punto, sino también el viaje en sí; un viajero debe crecer con el viaje. El viaje es lo que da importancia al objetivo elegido. Por eso la ruta recorrida de un centro de gravedad al siguiente ha sido, siempre que he podido, por tierra y mar; únicamente he utilizado el avión para cubrir los océanos que separan los continentes. La sensación de poder superar grandes distancias me da sensación de libertad. La sensación de poder superar grandes distancias es como salir de un coma. O, en palabras de James Hamilton-Paterson, “si tuviera que establecer una primera ley del viajar, podría ser que la manera de viajar determina el lugar que se alcanza.”

Cada centro de gravedad tiene su propia historia; con este viaje he querido poner en relieve el centro de gravedad de cada continente. Los he marcado todos, con marcas temporales y efímeras que en unos días o semanas serán conquistadas por la naturaleza. No quiero intervenir en la naturaleza del lugar ni apropiarme del sitio sino nombrarlo solamente. Darle un nombre y un alma.